21 de mai de 2005

Viglietti y Benedetti

Por Karina Micheletto
Mario Benedetti y Daniel Viglietti son dos referentes de la palabra comprometida del Uruguay. No es casual que hayan decidido reunirse y que esa reunión haya perdurado en el tiempo, abriendo un espacio que fue resignificándose con el paso de los años. En 1978, cuando el poeta y el cantautor se encontraron en el exilio en México cayeron en la cuenta de cuánto había en común en lo que estaban escribiendo cada uno por su lado y así nació la idea de encontrarse en A dos voces. Lo que comenzó como una experiencia que respondía a la necesidad de alzar las voces y de unirlas en el exilio terminó siendo un espectáculo que mantuvieron durante 27 años, y que llevaron por distintos países. El disco que presenta Página/12 con su edición de mañana devuelve las voces de estos dos uruguayos en los recitales más importantes que dieron de este lado de la orilla, en 1984 en Obras Sanitarias y en 1993 en el Gran Rex, y también en Montevideo, en 1985 en el cine 18 de Julio.
“Lo que hicimos fue un trabajo casi de hilanderos, de tejido, empezamos a tejer confluencias”, definiría más tarde Viglietti. Así se entrelazan las voces de ambos cantando y recitando en homenaje a Roque Dalton (A Roque, de Benedetti, Daltónica, de Viglietti), a Nicaragua, a Chile y Salvador Allende. Y así van desfilando clásicos de cada uno como Bandoneón y Por qué cantamos, entre lo más cantado y repetido en postales de la obra deBenedetti, La llamarada y Otra voz canta, entre los temas más conocidos del repertorio de Viglietti. Y están los versos que cada uno por su lado escribió en homenaje a Soledad Barret, la militante paraguaya secuestrada en 1962 en Montevideo y asesinada en Recife, Brasil, y que tienen un significado especial en el disco. “Soledad no viviste en soledad / por eso tu vida no se borra / simplemente se colma de señales. Soledad no moriste en soledad / por eso tu muerte no se llora / simplemente la izamos en el aire”, dice Benedetti en sus versos, que se cruzan con los de Viglietti: “Una cosa aprendí junto a Soledad: que el llanto hay que empuñarlo, darlo a cantar... Otra cosa aprendí junto a Soledad: que la patria no es sólo un lugar... Una tercera cosa nos enseñó: lo que no logre uno, ya lo harán dos”.
Mario Benedetti recuerda en diálogo con Página/12 la importancia que tuvieron estos versos en el origen de A dos voces: “Con Daniel éramos muy amigos, desde hacía años. Nos encontramos en México, en el exilio, y empezamos a hablar de lo que estaba haciendo cada uno. Que esta canción, que este poema... Nos sorprendió encontrar que los dos le habíamos escrito a Soledad Barret, porque la habíamos conocido y le teníamos mucho cariño”, cuenta el autor de Gracias por el fuego. “Empezamos a ver que teníamos otros temas comunes, y así fuimos armando un recorrido de poesía y canción. Con el tiempo fuimos introduciendo muchos cambios en el repertorio, pero el poema y la canción de Soledad Barret siempre quedaron, son especiales para nosotros”, explica el poeta, que antes de A dos voces ya había hecho la experiencia de llevar sus versos a los escenarios junto a Alberto Favero y Nacha Guevara, con éxito masivo.
–¿Cómo es para un escritor, que no esta acostumbrado al escenario como el cantor, pasar al otro lado, enfrentar el público?
–Bueno, yo tuve que acostumbrarme. He enfrentado al público en muchas ocasiones, acompañado y solo. Ayer (por el miércoles pasado), sin ir más lejos, en el paraninfo de la universidad, recité en un homenaje a un nuevo aniversario del asesinato de los tupamaros Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz en Buenos Aires.
–Pero no siempre el escritor puede recitar o leer lo que él mismo escribe, no todos son buenos para eso.
–No se crea, los escritores van perdiendo el miedo, tienen que hacerlo. Para mí las primeras veces era terrible, tenía ganas de salir disparando. Pero después uno se va acostumbrando, va perdiendo timidez o ganando desvergüenza. Incluso llega a ser estimulante que esté el público ahí, escuchándote, devolviéndote una respuesta inmediata de lo que escribiste en soledad.
–En estos 27 años presentaron el espectáculo en todo el mundo. ¿Hubo algún recital que recuerde especialmente?
–Bueno, tanto como en todo el mundo no, pero sí fueron muchos países. En España lo dimos en varias ciudades, estuvimos en Francia, Alemania, Dinamarca, en Europa del Este, mucho en América... Lo hemos hecho en países con otras lenguas, entonces se repartía primero un folleto con las traducciones o se llamaba a un traductor en vivo. Fueron muchos espectáculos, y de cada uno nos llevamos algo del encuentro con la gente. Quizás el que quedó en el recuerdo fue el primero, en México, porque ahí realmente no sabíamos cómo iba a resultar la cosa, era pura expectativa. En vista de que tuvimos mucho éxito, lo seguimos haciendo.
–¿Qué está escribiendo ahora?
–En julio va a aparecer mi nuevo libro, Adioses y bienvenidas, antes salió Defensa propia, en dos ediciones, y también Memoria y esperanza, un libro dedicado a los jóvenes, en una edición muy linda, con muchas fotos. Lo que hice allí fue repasar mis más de ochenta libros e ir recogiendo de ellos los poemas o prosas relacionadas con los jóvenes. Como verá, siempre sigo escribiendo... Ahora estoy haciendo pequeñas prosas que tratan de tener ingredientes de humor, algo muy reciente, que todavía no tiene título.
–¿Y en qué condiciones escribe, tiene un método, se fija un horario?
–No, yo me siento y escribo, cuando puedo. Y también cuando me dejan.
–¿Cuando lo dejan, quiénes?
–Bueno, los periodistas, los editores... (se ríe) A veces cuesta encontrar el tiempo y el espacio. Hay momentos en que las llamadas y los compromisos se amontonan, si uno se pone a pensar en la cantidad de tiempo que insume eso, es una cosa de locos...
–En Uruguay están viviendo un cambio político importante. ¿Cómo se manifiesta concretamente, en lo cotidiano, este cambio?
–Después de 174 años de gobiernos de derecha, que incluyeron una dictadura muy dura, que ahora haya ganado una coalición de izquierda es un cambio gigante, que hace unos pocos años parecía imposible. Evidentemente, el pueblo se fue despertando frente a tantas barbaridades que se cometieron. Esto es histórico: no sólo se ganó en Montevideo, también en siete departamentos de interior, donde nunca se había ganado. Y también hay una mayoría absoluta en el Parlamento. Todos tenemos la esperanza de que se van a producir cambios importantes, aunque difíciles. Tabaré Vázquez ya lo advirtió, dijo que no pensáramos que iba a cambiar todo de la mañana a la noche, porque además la oposición tiene poder y lo va a usar. Tabaré se ha sabido rodear de gente capacitada y honesta, ése ya es un cambio importante, porque estos 174 años fueron un conjunto de corrupciones sucesivas. Donde aparezca un caso de corrupción, lo van a sacar. En fin, todos tenemos esperanzas de un cambio. Y, lo que es mejor, esperanzas bien fundadas.

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