8 de dez de 2010

Dossiê “Falsos Democratas”

Do Pagina12:

“Revelar la verdad”

Preso político global!Ayer apareció un artículo de Julian Assange publicado en el diario The Australian, que se tituló “La verdad siempre ganará”. En el texto, el periodista de 39 años afirma: “La idea (de crear Wikileaks), concebida en Australia, fue usar las tecnologías de Internet para informar la verdad”. También catalogó al sitio creado en 2006 como una nueva forma del periodismo. “El periodismo científico te permite leer una noticia y después cliquear para ver el documento original en el que se basa la información”, explicó. Además, el editor del sitio de filtraciones remarcó: “Las sociedades democráticas necesitan medios fuertes y Wikileaks es parte de ellos”. Assange negó en su columna que sostuviera una postura antibélica: “A veces, las naciones necesitan ir a la guerra y hay guerras justas. Pero no hay nada peor que un gobierno le mienta a su población acerca de esas guerras y después les pida a los ciudadanos que pongan sus vidas y sus impuestos al servicio de esas mentiras. Si la guerra está justificada, entonces díganle la verdad a la gente y que ésta decida si la apoya”. El periodista se refirió también a las múltiples revelaciones que Wikileaks logró arrebatarle al Departamento de Estado y que pusieron nerviosos hasta a los referentes del ultraderechista Tea Party. “La fuerte tormenta que se desató sobre Wikileaks refuerza la necesidad de defender el derecho de los medios a revelar la verdad”, concluyó.

A Assange no le perdonaron la Wikirrevelación

Julian Assange se entregó ayer a las autoridades británicas y quedará detenido hasta el 14 de diciembre. La fiscalía sueca lo acusa de “delitos sexuales”. Su arresto coincide con la divulgación de los archivos secretos norteamericanos.

alt Por Kim Sengupta *

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, se entregó ayer a las autoridades británicas y quedará detenido en una comisaría londinense hasta el 14 de diciembre. El juez le denegó la libertad bajo fianza, pero sus abogados anunciaron que volverán a intentar esa opción ante otra instancia judicial. Según explicó la fiscalía sueca, la detención del periodista australiano obedecería a delitos sexuales, y no estaría supuestamente vinculada con la filtración que la semana pasada dejó al descubierto unos 250 mil cables secretos del Departamento de Estado. Ya se han realizado conversaciones informales entre funcionarios estadounidenses y suecos acerca de la posibilidad de dejar al hombre de 39 años bajo custodia de los Estados Unidos, según dijeron fuentes diplomáticas.

Assange seguía anoche en una cárcel británica, esperando la extradición a Suecia, donde se lo acusa de haber violentado a dos mujeres (ver aparte). La corte de Westminster le denegó la salida bajo fianza sobre la base de que existiría riesgo de fuga, a pesar de que figuras prominentes se ofrecieron para actuar como garantes. La prensa local resaltó que, aunque el creador de Wikileaks seguirá tras las rejas por siete días más, sus condiciones de reclusión no serán extremas. No tendrá que llevar uniforme carcelario, podrá recibir visitas y realizar llamados telefónicos.

El arresto de Assange fue catalogado como una “buena noticia” por el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates. El Departamento de Justicia norteamericano está considerando acusar al editor de Wikileaks por delitos de espionaje, después de que su sitio difundiera archivos clasificados. Los políticos de derecha estadounidenses están presionando para que se lo enjuicie y hasta para que se lo ejecute. Sarah Palin, la ex candidata a vicepresidenta, dijo que Assange debería ser perseguido con el mismo rigor que se hace con la red Al Qaida y con líderes talibán. La aparición de Assange en el tribunal londinense, el foco de la atención de los medios masivos, puso a Gran Bretaña en el centro de la controversia y la recriminación por la publicación de miles de cables diplomáticos que le han causado gran vergüenza a la administración de Barack Obama. Si se llegara a silenciar al creador del sitio de filtraciones, los seguidores denuncian que ese proceso arrancaría en Londres.

El gobierno sueco está intentando extraditar al periodista por supuestos delitos sexuales contra dos mujeres. Fuentes remarcaron que no se consideraría ningún pedido de extradición de Washington a menos que el gobierno estadounidense levantara cargos contra Assange. Además, dijeron que los intentos de llevarlo a Estados Unidos sólo tendrían lugar después de que concluyera el proceso en Estocolmo. Para preocupación de Assange y sus abogados, Estados Unidos y Suecia tienen un tratado en materia de extradición desde los años ’60.

Assange concurrió voluntariamente, vestido con un saco azul marino y camisa blanca, a una estación de policía londinense, acompañado por sus patrocinantes, después de que se expidiera una orden de captura internacional en su contra. Los jueces escucharon que el director Ken Loach y el periodista John Pilger estaban entre los que se ofrecieron a apoyar la fianza de unos 284 mil dólares. Pero el juez distrital Howard Riddle dejó a Assange detenido hasta la semana próxima, diciendo que existía el riesgo de que quisiera fugarse.

Loach, quien ofreció aportar unos 30 mil dólares, dijo que no lo conocía a Assange más que por su reputación, pero afirmó: “Creo que el trabajo que ha hecho fue un servicio público y que tenemos derecho a conocer las relaciones de aquellos que nos gobiernan”. Pilger, que también ofreció poner la misma suma que el director de Tierra y libertad, acotó que conocía a Assange como periodista y como amigo y que tenía un afecto especial por él. “Conozco las acusaciones y también detalles alrededor de los supuestos delitos”, afirmó ante la corte. “Estoy aquí porque los cargos contra él en Suecia son absurdos, y así lo consideró la fiscal general cuando dejó a un lado toda la causa hasta que intervino una figura política importante”.

Gemma Lindfield, que representó a las autoridades suecas ante los magistrados, dijo que se oponía a la libertad bajo fianza porque Assange podría negarse a comparecer y por su propia seguridad. Lindfield dio cinco razones por las que habría peligro: su estilo de vida nómade, por los informes de que habría solicitado asilo en Suiza, el acceso al dinero de sus donantes, su red global de contactos y su ciudadanía australiana. Lindfield dijo que Assange era requerido por cuatro supuestas ofensas sexuales. Un cargo por haber tenido sexo sin protección con una mujer, a pesar de que ella insistió en usar preservativo. Otro es que mantuvo relaciones, otra vez sin protección, con otra mujer mientras estaba dormida. “Este caso no es sobre Wikileaks. Es una acusación en otro país europeo por graves delitos sexuales, que habrían ocurrido en tres ocasiones separadas y que involucraron a dos víctimas”, insistió el juez Riddle. Sin embargo, añadió: “Si resultaran falsos, sería una gran injusticia si se lo dejara bajo custodia. En esta instancia de los procedimientos, la naturaleza y la fortaleza de las acusaciones todavía son indefinidas”.

El abogado de Assange, John Jones, sostuvo: “Assange ha realizado reiterados pedidos de que las acusaciones le sean comunicadas en un idioma que entienda. Eso fue ignorado por la fiscalía sueca. Otro fiscal había desestimado este caso antes por la falta de evidencia”. La presión sobre Wikileaks, que se mantiene en línea por donaciones, continuaba ayer después de que Visa y Mastercard suspendieran todos los pagos al sitio web.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Una cacería global

alt Por Mario Wainfeld

Julian Assange (corporicemos en él a Wikileaks) demostró la vulnerabilidad de los Estados Unidos, por medios lícitos ligados inseparablemente a la libertad de expresión. La única potencia mundial lo persigue como si fuera Osama Bin Laden, quien también la hizo sentir vulnerable, por medios violentos y repudiables, segando vidas de poblaciones civiles. Hoy día, el gobierno de Estados Unidos consagra a Assange como enemigo público número uno como si fuera Bin Laden, castigando no la ilegalidad de la afrenta sino la afrenta misma.

Las diferencias entre un caso y otro son tan siderales que es casi ocioso señalarlas. La revelación de los cables secretos es un episodio de la historia del periodismo, infinitamente más parecida a las primicias del Washington Post sobre el Watergate que a un atentado terrorista.

La cacería de Assange es, pues, un reto a quienes reivindican la libertad de prensa. La ONG Reporteros sin Fronteras (RSF), que defiende con coherencia esos valores, lo expresa con todas las letras. “Nos sorprendió –dice en un comunicado– encontrar países como Francia y los Estados Unidos llevando sus políticas sobre libertad de expresión en línea con las de China.” RSF explica que la conducta de Wikileaks tiene amparo en la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana. “Es la primera vez que hemos visto un intento de la comunidad internacional para censurar un sitio web dedicado al principio de transparencia”, agrega RSF, que tiene su sede en París. Se formula la aclaración para evitar que se suponga que sus aseveraciones son diatribas de algún populista sudaca.

El imperio de la ley es relativizable por la razón de Estado de un país poderoso, al que adhieren muchos de sus aliados. Es una circunstancia clásica que se entrevera con el advenimiento de nuevas tecnologías que, utilizadas con libertad, pueden potenciar la difusión de la información, el pluralismo de los emisores, una mayor transparencia, un ágora global.

La razón de Estado contiende con esos objetivos.

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Ningún régimen político es perfecto, ni siquiera una añeja democracia. En Estados Unidos siempre existieron normas catonianas, brutales en defensa de lo que sus contingentes autoridades valoraron como seguridad nacional. Pero no es exageración decir que se potenciaron a la enésima potencia después del 11 de septiembre de 2001. Se cancelaron derechos ciudadanos básicos, se facultó a autoridades administrativas a encarcelar, deportar, interrogar sin garantías a cualquier sospechoso.

Si se permite un apunte impresionista, el cronista entrevé que algo del imaginario americano se trastrocó también en este siglo. “El sistema” judicial siempre fue enaltecido, por ejemplo a través de la tele y el cine. Durante décadas, los héroes del “sistema” eran los defensores, los que salvaban a inocentes de ser condenados. Un ideal garantista, de algún modo. Series canónicas de TV, desde Perry Mason a “Los defensores”, pasando por Petrocelli, expresaban esa mirada. Un hombre del común, terco y riguroso (Henry Fonda) convencía a los otros once integrantes de un jurado para dictar un veredicto absolutorio, en la película Doce hombres en pugna. Pretendía ser un arquetipo del héroe civil norteamericano.

Grandes “películas de juicio” en Hollywood se consagraron a los defensores. Luchaban en minoría, contra prejuicios de la opinión pública, grandes corporaciones, estudios gigantescos. Mencionemos, entre decenas, a las protagonizadas por Spencer Tracy (Heredarás el viento), Julia Roberts (Erin Brokovich), John Travolta (Una acción civil), Paul Newman (Será justicia). David contra Goliat, una edificante leyenda, fundacional: el individuo virtuoso haciendo funcionar bien “al sistema”.

Desde hace un buen tiempo las figuras de las series son bien otras. Fiscales, para empezar, obsesionados por condenar y castigar. No son ya individuos esclarecidos y relativamente débiles sino engranajes de un Leviatán vengador. Disponen de un fenomenal aparataje técnico y de poder. Aun así, para cumplir sus mandatos “tienen” que transgredir la ley con frecuencia. Interrogan de modo brutal, incurren en apremios o torturas, allanan sin órdenes judiciales, a veces se “les va la mano” con los sospechosos. Se supone que sean cruzados, funcionan como inquisidores. El espectador que mira Law & Order o las numerosas versiones de C. S. I. sabe de qué hablamos.

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Se acusa a Assange de delitos comunes, graves, cometidos en Suecia. Por eso está detenido en Londres. Nadie puede objetar que se pesquisen esas denuncias ni colocar a ese hombre súbitamente famoso a resguardo de la ley. Pero deben ser muy contados en el mundo quienes crean que está detenido por ese motivo. En Estados Unidos, en un ataque de sinceridad extremo, se celebra su apresamiento.

Sin entrar a dilucidar la validez de los cargos, es evidente que integran una esfera totalmente diferente de Wikileaks. Si Assange fuera extraditado desde Inglaterra, aun si fuera condenado, nada debería restringir la difusión promovida por Wikileaks, menos su propia existencia. El derecho de Occidente es claro: ninguna sanción penal por un delito puede blanquear o santificar los bloqueos, los ciberataques, las prohibiciones para comunicar.

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La historia, supone el cronista, no se repite. Más bien fluye, en complejas dialécticas. Pero hay constantes que sobreviven, entre ellas la tenacidad de los países dominantes en mantener, a como hubiera lugar, su poder. La irrupción de nuevas tecnologías, plenas de virtualidades democráticas y de cambio, eventualmente, topa con ese designio. En ese punto las libertades globales hacen cimbrar a los poderes establecidos que reaccionan a su manera, sin límites ni apego a la ley. Las virtualidades de las nuevas formas de comunicación son inconmensurables, pero plasmarlas no será un juego, sino una nueva etapa de la lucha por la libertad y la igualdad contra la dominación hegemónica.

“Ha sido la política megalómana de los Estados Unidos, a raíz de los atentados del 11 de septiembre, la que ha socavado en gran medida los pilares políticos e ideológicos de su antigua influencia hegemónica, dejando al país sin más instrumentos que una fuerza militar aterradora, para consolidar la herencia del período posterior a la Guerra fría”, sintetizó, notablemente, Eric Hobsbawm. Un poder desnudo, desprovisto de otras fuentes de legitimidad, reacciona a su manera cuando se percibe en riesgo. Esa escena es recurrente en la historia, el contexto es novedoso.

mwainfeld@pagina12.com.ar

 

Ahora la culpa es del algoritmo

alt Por Mariano Blejman

Amazon dio de baja el dominio wikileaks.org por motivos contractuales. Después le desconectaron PayPal por violación de contrato. El banco le cerró la cuenta a Julian Assange por no declarar correctamente su domicilio y lo detuvieron ayer por presunto abuso sexual. Pero ahora, la culpa de que Wikileaks no aparezca entre los temas más mencionados de Twitter del día es del algoritmo. Como sea, la situación ha generado una notable suspicacia global: la idea de transparencia de las redes sociales está en juego. Desde el lunes, los investigadores Bob Murphy (bubbloy.wordpress.com) y Angus Johnston (studentactivism.net) escribieron con sólidas pruebas técnicas en sus blogs y, oh claro, en Twitter, que la red de microblogging estaba ocultando la palabra “Wikileaks” entre los temas más mencionados del día.

Según describe Twitter en su web oficial sobre cómo se generan los temas de tendencia (trending topics), éstos reflejan qué nuevo tópico está ocupando “la mayor atención de la gente en Twitter en cualquier momento”. Ahora bien, es relativamente sencillo seguir en tiempo real a través de sitios como Trendistic o GigaTweet la evolución de los temas más importantes del momento. Página/12 pudo confirmar que ayer entre las 17 y las 18, mientras Twitter mostraba en los temas más comentados las palabras #lemmguess, #alliwant y Pearl Harbor (100 tweets por minuto), éstas tenían un promedio similar o inferior a los resultados que arrojaban las búsquedas de Wikileaks y Assange. Es decir, las palabras más mencionadas en Twitter curiosamente no marcaban tendencia. El lunes anterior, el medio especializado en tecnología TechEye confirmaba que el volumen de tráfico con la palabra Wikileaks era tres veces más grande que cualquiera de los cinco principales temas del día.

En un comienzo, Twitter declinó hacer comentarios, pero uno de sus empleados, Josh Elman, publicó una respuesta sobre el descubrimiento de Angus Johnston: “Twitter no ha modificado las tendencias de ninguna manera para sacar a Wikileaks. #cablegate fue tendencia la semana pasada y varios términos alrededor de este tema han sido tendencia en diferentes regiones en la última semana. La tendencia no se mide solamente por el volumen de los términos, sino también por la diversidad de la gente y sus tweets sobre un término y buscando si su volumen orgánico incrementa por encima de la norma”. Más allá de la extraña argumentación, era curioso que el día de la detención de Assange ni Wikileaks ni el apellido del creador estuvieran entre los temas más mencionados. Poco después, Twitter declaró: “Hay un número de factores que entran en juego cuando un término que parece ser muy popular no entra a la lista de Trending Topics. A veces estos temas no se convierten en temas importantes porque la actual velocidad de la conversación no es tan grande como en horas previas, a veces tópicos que son genuinamente populares no son suficientemente extendidos para estar en la lista. Otras veces, simplemente no son tan populares como quisiéramos creer”. Al menos hasta ayer, la “tendencia” de Twitter en relación con Wikileaks ha sido esquiva y asustadiza, y había motivos: según trendics.com, durante el lunes, la palabra Wikileaks estuvo tres veces por encima del resto de las palabras más usadas de Twitter.

No es la primera vez que la red de microblogging Twitter es acusada de censura. En mayo pasado, cuando fue atacada una flotilla humanitaria por el Ejército israelí llegando a Palestina, un gran número de mensajes que incluían menciones al tema fueron borrados de la red social “inesperadamente”. Aquella vez, según le dijo un vocero de Twitter a TechEye había ocurrido “un problema técnico”. Pero ante la catarata de acciones privadas con presión política a la que se han sometido las empresas estadounidenses por Wikileaks, las dudas se han esparcido tan rápido como los tweets. Mientras el sistema de espejos sigue creciendo –ayer a la tarde llegaba a los 1005 sitios replicados por el mundo–, la importancia de la cuenta de Wikileaks en Twitter (@wikileaks) aumenta: hoy por hoy, ésa es la principal fuente de información sobre la actualidad del sitio que sigue liberando cables diplomáticos.

@blejman

La geografía de un quinteto

alt Por Eduardo Febbro

Desde París

La persecución mundial, a la vez policial, bancaria y judicial contra el cofundador de Wikileaks consiguió el propósito que buscaba. Desactivar Wikileaks, desprestigiar a Julian Assange y ponerlo finalmente entre rejas. Después de haber desestimado las acusaciones contra Assange, el fiscal sueco reabrió el caso y emitió la orden de arresto internacional en un contexto que tiñe de sospechas la decisión. Pero las tribulaciones judiciales del líder de Wikileaks no pueden apartar una reflexión critica sobre la forma en que los documentos se hicieron públicos.

Assange les hizo un regalo exquisito a los amos del mundo: entregó una masa contaminante de documentos confidenciales en beneficio exclusivo de cinco medios de prensa occidentales. Sólo ellos obtuvieron el privilegio exorbitante de la difusión. Assange quebró con su gesto una corriente que se estaba delineando por encima de la influencia de los grandes medios oficiales: la información es poder y Wikileaks trasfirió ese poder a los medios comerciales en contra de los medios cooperativos, los llamados medios sociales, que nacieron y se desarrollaron con Internet. The New York Times, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y El País se quedaron con el tesoro de la información sin haber llevado a cabo ninguna investigación. A ellos les compete la tarea bíblica y cotidiana de sembrar discordia en el mundo con una preferencia manifiesta por las geografías no centrales.

De estos cinco diarios, tres pertenecen a países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña–, otro al país económicamente más poderoso de Europa, Alemania, y el quinto a España. En vez de divulgar los documentos en bruto y de manera horizontal a través de Internet o abrir el juego hacia otras latitudes –¿por qué no Telesur, o El Universal o Proceso en México, o los amenazados medios de prensa progresistas árabes que luchan con escasos medios y bajo amenaza contra las autocracias petroleras del golfo?– Assange eligió la verticalidad tradicional como si sólo estos diarios tuvieran la capacidad de verificar y trabajar con información mundial de forma rigurosa. El mito de la horizontalidad del mundo numérico se hizo humo: Wikileaks restauró la verticalidad del poder de los medios occidentales sobre todas las otras formas de la diversidad humana. La corporación contra la cooperación.

Quienes padecen el síndrome apasionado del antiamericanismo celebran el descrédito que el cablegate significó para Estados Unidos y su diplomacia. Sin embargo, deberíamos llorar de deshonor, de rabia, de injusticia, de desproporción, deberíamos explotar de humillación al ver cómo, una vez más, quienes ya dominan el mercado de las armas, las finanzas, la tecnología y la información, han encontrado nuevos recursos para recobrar credibilidad y poder. Ellos, el Quinteto, pueden darle armas a la oposición de cualquier país para desestabilizar un gobierno, distanciar a países vecinos, sembrar antagonismos regionales, romper pactos políticos, desenmascarar alcahuetes o frenar contratos en curso. Cuando Wikileaks publicó los documentos sobre la guerra de Afganistán, Assange se los entregó antes a tres diarios occidentales: The New York Times, The Guardian y Der Spiegel. En aquella decisión había una lógica intrínseca: aquellos contenidos confidenciales concernían sólo a un conflicto, el de Afganistán y, principalmente, a un país, Estados Unidos. Aquí es muy distinto: el alcance de los telegramas es planetario. Hay, de pronto, una zona del mundo con derechos reservados por encima de todas las demás. Es una locura, una barbarie de la información. Assange nos asesinó: les reservó a los representantes de los imperios lo que pertenecía a la humanidad, al share libre que facilita Internet.

Muchos aseguran que este episodio es no sólo el fin del periodismo tradicional sino, también, el fin en sí del famoso secreto de Estado. Es un error. El origen de las filtraciones se hunde en las más densas regiones de los sentimientos y debilidades humanas. De esa debilidad original se hace hoy un canto a la transparencia y a la democracia. Nada es más oscuro que el principio de esta historia, nada es más perjudicial para el equilibrio y la igualdad que el hecho de que una monstruo de cinco cabezas pueda tener en vilo a toda la humanidad.

“Hillary Clinton y varios miles de diplomáticos de todo el mundo van a tener un ataque al corazón cuando se despierten un día y encuentren un catálogo de documentos clasificados al alcance del público.” Estas dos líneas fueron escritas por el soldado Bradley Manning en un chat con uno de los cinco hackers más talentosos de la historia, Adrian Lamo. El soldado Manning le confesó que había descargado decenas de miles de documentos de las redes Siprnet (Secret Internet Protocol Router Network) y Jwcis, ambas pertenecientes al Pentágono. Según la versión oficial, Bradley Manning se sentía desengañado, despreciado, aislado, desencantado con el ejército. Se quiso vengar. En un mail que le envió a Adrian Lamo contó: “Entraba en la sala informática con un cd de música en la mano. Pero después borraba la música y creaba un dossier comprimido. Escuchaba Lady Gaga entonando la música mientras extraía la fuga más grande de la historia de los Estados Unidos”. Sólo que, entre tanto, Lamo, que había hackeado el The New York Times, Yahoo y un montón de muros impenetrables, lo delató a la División de Inteligencia del Pentágono. Según explicó, tuvo miedo de que esas filtraciones pusieran en peligro las tropas desplegadas en el extranjero o fueran utilizadas por terroristas.

Esa es la trama de la tan celebrada “transparencia democrática”. Assange, Wikileaks y el Quinteto de Occidente llegaron a un acuerdo de exclusividad cuando el carácter monumental de las filtraciones exigía que las mismas salieran por la red o fuesen compartidas con los otros medios nacionales y no que los temas de Argentina, Bolivia, Venezuela, Pakistán o Arabia Saudita fuesen editados en París, Londres, Berlín, Madrid o Nueva York. Allí no hay ninguna transparencia sino secesión de privilegios. Al mismo tiempo, Assange y sus socios ahogaron la horizontalidad de Internet y la difusión libre. Es lícito reconocer que la difusión en “bruto” no desemboca en progresos democráticos. Esa idea es un mito. La especificidad casi universal del cablegate imponía que ese material fuese accesible a todos los que tienen la capacidad y las pertinencias territoriales para analizarlo y ponerlo en perspectiva. Se hizo lo contrario. Se restringió el derecho a la selección y la publicación a un estrecho círculo de difusores. Es una catástrofe, tanto para la pluralidad como para la verdad.

efebbro@pagina12.com.ar

Sexo sin protección

alt Por Jerome Taylor *

Cuando Julian Assange aterrizó en el aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, la mañana del 11 de agosto de este año, el fundador de Wikileaks estaba comenzando lo que esperaba fuera una operación crítica para proteger a su plataforma denunciante de ataques futuros. Alentado por la divulgación de miles de registros del ejército de Estados Unidos desde Afganistán, Assange, de 39 años, intentaba establecerse en Suecia y aprovechar la fuente de protección legislativa del mundo. Sin embargo, esa estadía sueca se ha convertido en la amenaza más apremiante para su libertad y el futuro de Wikileaks mismo.

A los nueve días de llegar a Estocolmo, dos mujeres habían recurrido a la policía afirmando que el australiano había tenido sexo no consensuado con ellas. Sus testimonios conjuntos llevaron a un procesamiento con cargos de violación, acoso sexual y coerción ilegal, un proceso que inicialmente fue abandonado por falta de evidencia y luego retomado con vigor cuando Wikileaks comenzó a publicar miles de cables del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Como país con una reputación de ser vanguardista en la igualdad de género, Suecia tiene algunas de las leyes antiviolación más duras en el mundo. Convirtió en ilegal la violación entre esposos en 1964 y usa una particularmente amplia definición de lo que constituye sexo no consensuado.

Su primera acusadora, que no puede ser nombrada en Suecia por motivos legales, es una académica feminista de casi cuarenta años que trabajaba como funcionaria en al Partido Socialdemócrata Sueco. Estuvo en contacto regular con Assange antes de su viaje a Suecia, ayudando a organizar sus apariciones en las conferencias así como aceptando que él usara su departamento mientras estaba en Estocolmo.

Se encontraron personalmente en la tarde del 14 de agosto, cuando ella regresó a su casa después de estar unos días ausente de la capital. Según su testimonio, que fue filtrado a un medio sueco, ambos salieron a cenar y regresaron al departamento, donde tuvieron sexo. En algún momento el preservativo se rompió, hecho que ninguna de las partes niega, aunque la mujer alega que fue roto deliberadamente por Assange.

La primera acusadora de Assange no hizo ningún intento inmediato de contactar a las autoridades. Sólo cuando ella fue contactada por la segunda denunciante, cuatro días después, ambas mujeres decidieron ir a la policía. En cambio la primera mujer arregló una “fiesta langosta” –una reunión sueca tradicional– para la noche siguiente en honor del fundador de Wikileaks en su departamento. En una entrada en la página en Twitter de la mujer, que luego trató de borrar, la primera acusadora de Assange describió su alegría por dar una fiesta para el ciberactivista más famoso del mundo. “Sentados afuera casi congelándonos con la gente más interesante del mundo”, escribió. “Era bastante asombroso.”

Lo que no sabía la primera mujer era que Assange ya había comenzado a coquetear con otra mujer sueca, a quien había conocido anteriormente ese día en una charla que había dado en un sindicato. La segunda acusadora de Assange tiene entre veinte y veinticinco años y vive en la ciudad de Enköping. Conoció a Assange y a la primera mujer durante un almuerzo después de la charla. Coquetearon, vieron una película juntos y comenzaron un “romance”, pero Assange se fue esa noche para ir a la fiesta langosta.

El lunes siguiente se reunieron nuevamente y viajaron a la casa de la mujer en Enköping, donde, según el testimonio de la policía, tuvieron sexo consensuado usando un preservativo. A la mañana siguiente, afirma la mujer, Assange tuvo sexo con ella cuando todavía estaba dormida y no usó un preservativo.

En algún momento durante los próximos tres días las dos amantes de Assange se cruzaron y descubrieron que ambas habían dormido con el mismo hombre. Las dos afirmaron haber tenido su propia experiencia de un amante que era reacio a usar un preservativo. El 20 de agosto las dos fueron a la comisaría en Estocolmo para pedir consejos sobre cómo presentar una queja contra Assange, e investigar la posibilidad de obligarlo a hacerse una prueba de VIH. Después de escuchar sus testimonios, un fiscal decidió que Assange debería estar acusado de sospecha de acoso sexual para la primera mujer y violación con la segunda.

A las 24 horas, el fiscal general de Suecia desestimó el cargo de violación contra Assange, pero al mes siguiente otro fiscal, Marianne Ny, reabrió el caso, lo que resultó en la orden de detención europea que llevó a Assange a la corte ayer.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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